Grupo de voluntarios que cuidamos la biodiversidad de las balsas de Alcublas
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miércoles, 16 de julio de 2014

La fuerte sequia no deja criar a los anfibios


Nunca había conocido yo una sequia tan grande y eso que tengo algún año.

Las balsas y navajos de todo el termino están secas o prácticamente secas.


La Sociedad de Cazadores, con sus limitaciones, intenta llenarlos con agua, pero es tanta la evaporación por el calor, que a los pocos días están otra vez secos.


Las pocas lluvias que nos han caído, solo han servido para reparar en parte, la sequedad del monte y los cultivos.

Poca cosa más, eso sí nubes secas todos los días, las llamo secas, debido a que su abundancia diaria es notoria, pero como vienen se van, sin dejarnos ni una gota.


Con esas expectativas a los anfibios solo les queda una oportunidad, los abrevaderos y las aljibes descubiertas, aquí en Alcublas los llamamos Charices y Jipes, respectivamente, nombres curiosos.

Los Charices es el único lugar con liquido elemento en el que he encontrado puestas de anfibios este año.


Así mismo también son únicos lugares en los que he encontrado renacuajos de anfibios.

Hoy os enseño dos de ellos: El Chariz de la Dueñas y el Chariz de la Ermita de San Agustín.


En los dos he encontrado renacuajos de Alytes obstetricans (Sapo partero común).

En uno más que en otro, pero en los dos habían y eso es gratificante y alentador.


No he oído cantos de los machos buscando a hembras, cuando otros años eran tan abundantes.

Los adultos si pueden vivir lejos del agua, pero no así sus larvas, que tienen que pasar en el agua hasta que llegan a metamórficos y aun así siguen cerca del liquido elemento.


Espero y deseo que esta feroz sequía desaparezca pronto, pues nuestro termino ya fue castigado por un gran incendio forestal, hace dos años y ahora la sequía está dañando su debilitado ecosistema.

J. R. Casaña

jueves, 24 de abril de 2014

34 Alevines de partero común (Alytes obstetricans) rescatados del Navajo de la Casica Vieja.


La tristeza nos acompañaba en el recorrido por nuestras balsas y navajos, todo era sequedad y ausencia de agua, con estas condiciones la vida era muy poco posible.

Llegamos al Navajo de la Casica Vieja o de Teresa y las expectativas eran las mismas, seco y muy seco.


Parecía que existía un ínfimo lugar con agua y esta se movía.


Cogimos los útiles de muestreo y cuál no sería nuestra sorpresa cuando vimos que habían en su interior una gran cantidad de renacuajos que se estaban ahogando.


El espacio con agua no les permitía casi ni respirar, ni tan siquiera era agua propiamente dicha, sino una especie de barro caldoso, en el que luchaban por supervivir.

Sabemos que no es conveniente el rescatar anfibios y trasladarlos a otros lugares, por lo peligros que ello conlleva, pero no pudimos resistirnos. Es tan poca la vida que estamos viendo en nuestras balsas.


La lejanía de la orilla dificultaba, más, el poder recuperarlos, las pozas que habían hecho los jabalíes en su afán de revolcarse en el lodo, tampoco facilitaban el acceso al minúsculo charco.

Preparamos las gavetas con agua limpia, para poder depositarlos en ellas.


Sacábamos cada vez un montón de ellos, parecía imposible que ese espacio tan reducido existiesen tantos alevines.

34 fueron los alevines que recuperamos de ese pequeño charco, el que parecía no hubiese vida.


Valoramos donde los podíamos transportar, en las inmediaciones estaba todo seco, por lo que decidimos que lo más positivo sería, tanto por proximidad como por tener agua, llevarlos a la Fuente y abrevador de las Dueñas.


Hacia allí nos dirigimos y si, el agua manaba de la fuente, poco pero manaba, y el abrevadero tenía agua y vida, por lo que consideramos que era la mejor ubicación.

Eso nos permitiría si la lluvia llega algún día el poder devolverlos a su original espacio.


Repetimos que no somos partidarios de estas acciones, pero esta vez y por las difíciles circunstancias el hacerlo.

Esperamos prontamente devolverlos a su hábitat original.

J. R. Casaña

sábado, 14 de septiembre de 2013

Y los sapos parteros y comunes ya no están.






La Sociedad de Cazadores de Alcublas en su plan de mejora de puntos de agua en el término de Alcublas, realizó obras de ampliación y mejora en los aportes de agua al Navajo Junco I, durante el mes de Julio pasado.
Ganado más capacidad de acumulación de agua dicho navajo, lo que es de agradecer para la mejor conservación de la fauna, muy dañada por el incendio forestal del año pasado.



El paisaje en esta partida sigue siendo devastador, aunque la naturaleza en su sabiduría ya está dando muestras de su capacidad regeneradora. 

También la Sociedad lleno dicho navajo llevando agua con una cuba y unos sapos parteros (Alytes obstetricans) y sapos comunes (Bufo bufo) pusieron su tardía puesta en las aguas del navajo. 



Eso era hacia 13 de Agosto, lo que nos hace pensar que estos anfibios no habían encontrado antes las condiciones idóneas para sus puestas. Comprobamos que tenían agua suficiente, pese al rigor del verano y decidimos hacerles el seguimiento correspondiente.



Volvimos el día 24 de agosto, seguía teniendo agua el navajo y comprobamos que seguían están las crías de sapos.

 
Mucho más grandes los sapos parteros (Alytes obstetricans) y de coloración más clara y mucho más pequeños los sapos comunes (Bufo bufo) y de coloración mucho más oscura, prácticamente negros.





Hicimos los muestreos pertinentes, observando que la colonia de anfibios disfruta de buena salud y que las crías seguían su proceso correctamente.

 
Vimos de primera mano dichas crías y apuntamos los datos técnicos, con los que no pensamos aburriros.

Satisfechos retornamos al pueblo y decidimos seguir observando su evolución.

La última semana de agosto, nos vimos gratamente sorprendidos con una lluvia persistente durante varios días, que traía buenas nuevas para el monte, pues durante el verano no se había prodigado.

El día 30 de agosto empezó con buen tiempo y nos fuimos hacia el Navajo Junco I, para comprobar “in situ” como habían funcionado las obras de mejora y como estaba nuestra colonia de anfibios.



Desalentador fue el encontrarnos el navajo rebosante de agua, pero también muy lleno de ceniza de las escorrentías, habían pasado 62 semanas del incendio y aun seguía presente y palpable.
Preocupados iniciamos los muestreos y cuál no sería nuestra sorpresa al observar que toda la colonia de anfibios había desaparecido, si no quedaba nada vivo en el navajo.
¿Habrá sido la ceniza? Seguramente, no entramos a valorar el desastre, únicamente constatamos el hecho de que ya no hay anfibios en el Navajo de Junco I. Desgraciadamente.


J. R. Casaña