Grupo de voluntarios que cuidamos la biodiversidad de las balsas de Alcublas

lunes, 23 de junio de 2014

DOS AÑOS DEL INCENDIO DE ALCUBLAS

Hace un par de años, un incendio forestal arrasó alrededor de 20000 hectáreas de las comarcas Los Serranos, Camp de Túria y Alto Palancia. Una vez pasado este tiempo, es un buen momento para aprender de cómo ha respondido el monte, y además hacerlo con un poco más de calma, habiendo digerido el impacto inicial. Me gustaría ofreceros mi punto de vista, algo lejano al no vivir en estas comarcas, pero algo cercano al haber colaborado en el estudio de este incendio. Investigadores de la Fundación CEAM (http://www.ceam.es/GVAceam/home.htm) hicimos prospecciones de la zona afectada, la primera a las pocas semanas del fuego, con el fin de elaborar un informe de impacto urgente, y la segunda a los 20 meses, para ver cómo había respondido el monte a medio plazo (Figura X).


Tradicionalmente, los incendios forestales se han considerado como un desastre ecológico, destructor de los ecosistemas. En gran parte, esta visión se funda en que, en la actualidad, muchos tienen causas humanas, sean directas (accidentales o intencionadas) o indirectas (cambios en los usos del suelo, abandono del monte, y tal vez el cambio climático). Pero también es verdad que los incendios forestales son un proceso natural en los ecosistemas mediterráneos. No en vano, muchas plantas mediterráneas están adaptadas a responder tras el fuego, sea rebrotando (por ejemplo la encina, la coscoja y el brezo), sea creando un banco de semillas en el suelo, dispuestas a germinar cuando llegue la ocasión (como ocurre con las jaras y aliagas), sea guardando semillas viables, durante años, en sus copas (por ejemplo las piñas serótinas del pino carrasco, que se abren con el calor del fuego). Incluso la comunidad de microorganismos del suelo es capaz de responder con gran rapidez cuando llegan las primeras lluvias tras un incendio.




Otra cuestión a tener en cuenta es la extensión de un incendio. En nuestros ambientes este incendio entra, sin duda, dentro de la categoría grandes incendios. Si alguien se entretiene en averiguar la extensión de incendios en otros lugares del Mundo, por ejemplo Australia o Estados Unidos, verá que 20000 hectáreas no son mucho. Pero hay que tener en cuenta la escala. A modo de ejemplo, el Parque de Yellowstone es casi tan grande como toda la provincia de Valencia, las Montañas Rocosas abarcan una distancia como de Alcublas al centro de Arabia,  y la extensión del Estado de Wyoming es la mitad de la de España viviendo solamente medio millón de personas. Para nosotros las escalas son mucho más pequeñas, nuestras cordilleras son mucho más cortas, nuestras planicies más pequeñas, y nuestras poblaciones están mucho más cercanas. Por ejemplo, la famosa Highway 61 cantada por Bob Dylan cruzaría, en línea recta, casi 3 veces la Península Ibérica.
Para que un incendio sea intenso y se extienda necesita combustible, tanto en términos de cantidad, como en términos cualitativos y de continuidad. El término cantidad es evidente, es difícil que haya un incendio en un desierto o en una zona semiárida de Almería, porque hay poco o nada de combustible. Pero puede haber combustible y que éste sea más fácil o difícil de quemar.  Hay varios factores que influyen, y uno básico es el estado hídrico, es decir el nivel de humedad de la vegetación, especialmente el del combustible fino. Tanto mayo como junio de 2012 fueron meses relativamente secos y a finales de junio dominaron vientos moderados de poniente, que ayudaron a incrementar las temperaturas y disminuir la humedad ambiental, y en consecuencia secar la vegetación. Estudios llevados a cabo por investigadores de la Fundación CEAM estiman que la humedad de los pinos y romeros vivos estaba alrededor del 50%, y la de los romeros muertos sobre el 10%.



Los ecólogos tenemos la manía de relacionarlo todo. Creo que las escalas tienen algo que ver con la historia de los usos del suelo, y a su vez con la evolución de los incendios forestales. Aquí entra lo de la continuidad del combustible. En las últimas décadas ha habido un abandono de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales en áreas de montaña. Tiene su lógica, antes había mucha actividad en zonas de montaña, aunque para sobrevivir y no mucho más. Muchas personas cultivaban su trigo o cebada, junto con algunos olivos y algarrobos para alimentar la mula que les ayudaba a labrar, o pasaban hambre. Mis abuelos, como los de otras muchas personas, se fueron a vivir a poblaciones más grandes buscando mejores perspectivas tanto para ellos como para su descendencia, y tanto la agricultura como la ganadería se fueron concentrando en áreas donde la explotación se pudiese mecanizar y fuese más rentable. Esto ha dado lugar a un incremento de la superficie forestal, la vegetación vuelve a ocupar los lugares de los cuales fue eliminada para poder cultivar y sobrevivir. Pero también ocurre que, cuando se produce un incendio, tiene menos barreras para extenderse. Los bancales en uso son cortafuegos muy efectivos. Pero las plantas más capaces de colonizar cultivos abandonados acostumbran a estar adaptadas a perturbaciones, germinan bien en espacios libres, con poca competencia por la luz y el agua con otras especies establecidas, como es el caso del pino carrasco, la aliaga y muchas otras.

Muchos montes de Levante tienen mucho combustible y con mucha continuidad, y a principios de verano de 2012, este combustible estaba seco. Solamente faltaba una ignición. Había mucho monte que podía quemarse, y le tocó básicamente a Los Serranos, la Hoya de Buñol y la Sierra Mariola. Es una especie de ruleta rusa a la cual juegan muchos montes de Levante.
En el caso de nuestro incendio, no solamente se quemó mucha superficie, sino que lo hizo con mucha severidad. Severidad quiere decir hasta qué punto se quema la vegetación, no es lo mismo que solamente se achicharren las hojas, que se acabe consumiendo hasta los troncos. Una forma que hay para estimar la severidad del fuego es trabajando con imágenes satélite. Es un método menos preciso que verlo en el campo, pero permite abarcar más superficie que andando por el monte. Nosotros intentamos contrastar los resultados de las imágenes satélite con los obtenidos visitando unos 80 puntos. La Figura XX muestra la severidad estimada según un sensor del satélite Landsat 7. La mayor parte de la superficie se quemó con una severidad alta o muy alta. Solamente se quemaron con menor severidad las zonas cercanas a los límites del incendio, donde iba perdiendo fuerza, y áreas dominadas por cultivos y zonas pobladas, donde hay mucho menos combustible.


Después del incendio, las precipitaciones registradas fueron inferiores a la media, siguiendo la tendencia dominante antes del incendio. Nos encontramos, entonces, ante un incendio extenso, severo y seguido de un periodo de relativa sequía. Ante esta situación tan desfavorable ¿la vegetación ha sido capaz de responder? Una vez más, la Naturaleza nos sorprende, no nos deja otro remedio que quitarnos el sombrero: las plantas rebrotadoras han rebrotado (Figura XXX), y las germinadoras han germinado, incluso demasiado (Figura XXXX).



Un elemento peculiar de la zona son los navajos, charcas que permiten el desarrollo de especies relacionadas con medios acuáticos. Debemos tener en cuenta que los ecosistemas acuáticos son muy escasos en el monte mediterráneo, y las perspectivas de expertos en el cambio climático indican que lo serán aún más en el futuro. Nos encontramos con auténticas joyas muy poco comunes. Todo parece indicar que el incendio afectó poco a los navajos, al menos directamente, ya que conservan cierto grado de humedad. De todos modos, cuando visité la zona poco después del fuego había algo que me preocupaba, y es que, al haberse consumido la vegetación de los alrededores, las posibles tormentas posteriores arrastrasen cenizas y restos carbonizados, con el riesgo de que se colmatasen o incluso se intoxicasen. Pero no ocurrió, no llovió lo suficiente. Esta sequía pertinaz ha protegido los navajos de arrastres indeseables de sedimentos, pero también los está secando. Ojalá resistan este nuevo envite.

Una pregunta del millón podría ser ¿qué podemos hacer para ayudar a la Naturaleza, y de paso potenciar las zonas de montaña y sus habitantes, que tan poco considerados están? Visto desde la lejanía, mi modesta opinión es que nos lo debemos de tomar con un poco de calma. Los ritmos de los ecosistemas no tienen por qué coincidir con los nuestros. En ocasiones, querer actuar demasiado rápido puede ser poco útil e incluso contraproducente, malgastando así esfuerzos y dinero. Jorge, un compañero que se dedica al estudio de los suelos quemados, comentó algo así: el suelo es la piel del monte; igual como ocurre con nuestra piel, cuando se quema lo que debemos hacer es protegerlo y tocarlo lo mínimo; si, con el afán de que se recupere rápido lo pisoteamos y pasamos maquinaria por encima, lo acabamos perjudicando.

Ahora han pasado un par de años y podemos ver cómo ha respondido, y tal vez plantearnos qué se puede hacer para que se siga recuperando, disminuir el riesgo que se vuelva a quemar de aquí a pocos años y, si lo hace, sus efectos no sean tan dramáticos. Vemos, por ejemplo, que los pinos carrascos y las aliagas se están desarrollando excesivamente. Todavía son jóvenes, pero todo parece indicar que, si no se hace nada, en un futuro las aliagas acumularán mucha biomasa muerta, fácilmente inflamable, y habrá pinares con tanta densidad de árboles, con tanta competencia entre ellos mismos, que crecerán espigados y con troncos raquíticos. De aquí a unos pocos años será un buen momento para hacer un aclareo, dejar menos pies para que crezcan mejor, y sobre todo evitar cortar otras especies capaces de rebrotar tras el fuego y que ofrecen otros alimentos a la fauna, por ejemplo enebros, lentiscos y muchas otras.

Otra gestión posible es la plantación, pero como casi todo en esta vida tiene sus limitaciones. Plantar grandes extensiones sin ayuda de maquinaria pesada es complicado, caro, a veces agresivo, y con frecuencia no tiene seguimiento, lo que puede dar lugar a fracasos. Otra cosa es ser selectivos, elegir zonas donde las posibilidades de éxito sean mayores y seleccionar especies adecuadas. Hay varios puntos de vista al respecto. Uno de ellos es hacer plantaciones en zonas protegidas por la propia morfología del terreno, como es el caso de hondonadas, depresiones y umbrías. Si elegimos especies autóctonas y atractivas para la fauna, con el tiempo y una caña los arrendajos, los zorros y otros muchos animales ayudarán a dispersar las semillas por otros lugares, incluyendo los que se vuelvas a quemar y los bancales que se abandonen en el futuro. Otra visión diferente pero compatible, en este caso más pedagógica, es hacer plantaciones populares en zonas de acceso fácil, animando a que la gente colaboradora a que haga un seguimiento de lo que ha plantado y, por qué no, le eche una garrafita de agua de cuando en cuando; si se animan a hacerlo y proceden de Valencia por ejemplo, serviría además para promocionar el turismo rural.

Mucha suerte y salud, os lo merecéis.

Joan Llovet López

sábado, 14 de junio de 2014

La única puesta encontrada debido a la sequia, Pelophylax perezi o Rana común


La sequía de este año  ha causado, la ausencia de amplexos entre los anfibios, de nuestro termino, no hemos encontrado prácticamente ninguna. Ni de ranas ni de sapos ni de gallipatos. Nada cero patatero.


Pero no todo tenía que ser tristeza, el pasado mes en una de las pocas fuentes que aun sale algo de agua, la fuente de Las Dueñas, encontramos una puesta de Pelophylax perezi, antes Rana perezi, o Rana común.  


Esto fue un inmensa alegría, pues ya desesperábamos este año de encontrar alguna puesta.

Los huevos de la Pelophylax perezi son marrones por arriba y amarillentos por abajo.

La puesta suele ser en forma globosa y tiene entre 200 y 7.000 huevos, siendo lo normal 2.300 huevos, los cuales se encuentran  flotando en la superficie del agua o sujeta a la vegetación.



Los huevos eclosionan a los cinco u ocho días, la metamorfosis completa es, en ocho o doce semanas, pero si los coge el invierno pueden pasarlo como renacuajos.

Vive en la Península Ibérica y en sur de Francia, puede estar hasta los 2.400 metros de Altitud.

Los machos cantan de una forma especial para el cortejo, cuando alcanza su madurez a los dos años, el amplexo es axilar.

Lo habitual es que los renacuajos tengan entre 60 y 70 mm, pero pueden llegar a medir 111 mm.


La punta de su cola es puntiaguda, su coloración  es verde o marrón, con manchas oscuras, más grandes y densa en la cola. Su vientre es blanco.

En la época desarrollo habitan en el fondo de su medio, prefiriéndolas con vegetación sumergida.


No están demasiado amenazadas pero las perdidas sus hábitats, por desecación, construcción y la utilización de pesticidas, pueden afectarle negativamente.

También la introducción de especies aloctonas y la hibridación con otras especies es una contaminación genética,  que por su mayor fuerza las pueden desplazar.

J. R. Casaña

sábado, 7 de junio de 2014

Paloma Torcaz (Columba palumbus) AVES DE NUESTRO ENTORNO (V)


La paloma torcaz es un ave bastante frecuente  en nuestros campos aunque resulta muy desconfiada al ser un trofeo muy apreciado por los cazadores. Su nombre viene del latín “torques” que significa collar, característica que le da nombre a la especie.

  En vuelo la podemos reconocer por su color gris y las franjas blancas en las alas y la cola, el vuelo es muy característico con un batir enérgico de las alas.


  Cuando la puedes ver de cerca se le aprecia unos colores irisados en el cuello y una aparente desproporción entre la pequeña cabeza y un cuerpo grande.


A la hora de beber nunca entra en vuelo directamente a la charca o abrevadero, primero observa el entorno desde un punto seguro y aparece andando entre la vegetación hasta la orilla y en el momento de beber no lo hace a través del pico sino que aspira el agua a través de las fosas nasales como se ve en la foto, eso si, con los ojos bien abiertos controlando el entorno. SV.


Perteneciente a la familia Columbidae es un ave columbiforme, que se extiende, aceptablemente, por Europa, norte de África y Oriente Medio.  

Es una de las mayores palomas que habitan en la Península Ibérica, el colorido es similar en los dos sexos, aunque los ejemplares jóvenes tienen tonos parduzcos y sin manchas blancas en el cuello como los adultos.


Su hábitat preferido son los bosques y zonas arboladas, también en las dehesas, suele acercarse a jardines cuando hay carencia de alimentos.

Rehúye las zonas altas de montaña, ocupándolas solo en la época migratoria. Entrando por el pirineo vasconavarro las que viene de Centroeuropa.


Su alimentación, preferentemente es vegetaríana, aunque también come insectos y arácnidos blandos.

Soporta bien el tiempo fresco, la lluvia y la humedad, pero no la nieve, la helada y el calor tórrido.

En Marzo empieza el cortejo del macho con su vuelo característico, con sonoros aletazos en su vuelo de parábola ascendente. Descendiendo con su alas en punta.


Cría entre abril y agosto con dos puestas de dos huevos, en el nido que ha construido entre los arboles con ramitas secas en forma de plataforma. Consistente en unos palitos entrelazados unos con otros donde deposita la puesta.

Mide de cabeza a cola unos 40 cm, siendo de ala a ala unos 75 cm, puede pesar hasta 500 gramos.


Parece que la ausencia de alimento la hace acceder a parques y jardines, estorbando a sus habitantes naturales, como los mirlos y otras aves, como ocurre en el parque de la Fuente del Berro de Madrid.


Hacemos constar la fuerte expansión que ha sufrido la especie en nuestro territorio, donde ha pasado en los últimos años de ser un ave estrictamente forestal y relegada a las comarcas más interiores a ser una especie común y abundante en las huertas y arboledas que rodean la ciudad de Valencia.

Incluso ya ha sido comprobada su nidificación en el interior de la ciudad.


Su canto está compuesto por cinco silabas, cú-cuú-cu-cu-cu.

Salvador Viadel
Toni Polo
Carlos Micó
Imágenes: Salvador Viadel
Maquetación: J. R. Casaña
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Columba_palumbus
http://torcaces.com/

viernes, 30 de mayo de 2014

Efimeras, Ninfas o Nayades


Siempre las he conocido en su medio acuático, nunca las he visto en su estado adulto.
Cuando en mayo del 2012, nuestro amigo Juan Rueda, tuvo la gentileza de clasificarla, hicimos un artículo sobre ella, hace algún tiempo que lo publicamos. http://gallipatoalcublano.blogspot.com.es/2012/06/ephemeroptera-hyatt-arms-1891.html#comment-form

Pero ahora gracias a la gentileza de Jorge Pérez que nos ha pasado fotos, las he conocido.


Su vida de adulto es muy corta, de ahí le viene su nombre de  Ephemera, que significa  en griego “efímero” y pteros,  que significa “alas” es decir, “alas efímeras”, que vive un día.

Sus alas no se pueden plegar sobre el abdomen por lo que siempre están en posición vertical.
Son los únicos insectos que mudan después de haber alcanzado la fase adulta.


Al ser su vida tan corta su única misión es el apareamiento y la puesta de huevos.

Algunas especias viven hasta una semana, pero no es lo habitual.
Para aparearse ejercita un vuelo nupcial en enjambre al que acuden las hembras para apartar a los machos y así conseguir que las apareen.


Las hembras depositan los huevos sobre el agua de uno en uno o en grupos, algunas se sumergen con lo cual después de la puesta se mueren.

No son muy buenas voladoras, por lo cual no se alejan mucho del agua.

En el artículo anterior Jesús Dorda, nos dejo un comentario que aprovechamos para reproducir en este artículo:


“Es curioso el movimiento de las filas de branquias de las especies que habitan en aguas quietas. En cambio las de arroyos rápidos no lo necesitan, bastante tienen con agarrarse a las piedras. Están estos animales en la base de la cadena alimenticia de la charca y los adultos son presas preferentes de golondrinas y aviones que vuelan a ras de agua”

Suelen eclosionar al mismo tiempo por lo que se produce un espectáculo grandioso, si se tiene la suerte de poder verlo.

Es el orden de insectos alados más antiguos que existe en la actualidad.

La naturaleza nos sorprende cada día.


Jorge Pérez
J. R. Casaña
Imágenes: Jorge Pérez y J. R. Casaña 

jueves, 22 de mayo de 2014

Argiope bruennichi o Araña avispa


Nos la hemos encontrado por todo el termino de Alcublas, aunque existe la leyenda negra sobre las arañas, todas son muy beneficiosas para agricultura, por la gran cantidad de insectos que comen.


También conocida por araña cestera y araña tigre, se distribuye por Europa, Norte de África, parte de Asia, América del Sur, probablemente este extendida por todo el mundo, exceptuando los casquetes polares.


Su red de caza tiene forma de espiral, tardando más o menos un hora en construirla. En ella hay un curioso zigzageo, que se desconoce su utilidad, su nombre es estabilimento.

Como muchas otras Argiope presenta bandas amarillas y negras en su abdomen.


El nombre le viene del griego Argos” brillante y “ops” ojos: “ojos brillantes”. Curiosamente los ojos de estas arañas brillan en la oscuridad, fenómeno que se observa en otros animales, debido a un tejido que tiene detrás de los ojos llamado tapetum lucidum.

Aunque posee ocho ojos su visión es muy reducida, guiándose por las vibraciones de su tela para localizar sus presas.


Como en muchas especies el macho es más pequeño y más oscuro que la hembra, es por eso que espera a su muda final cuando la piel esta tierna y alcanza la madurez sexual, e intentando no ser devorado, ya que puede ser confundido, con una presa por la hembra, aprovecha para fecundarla.


El sistema de caza, cuando cae una pieza en su red, es envolverla rápidamente con su seda e inmovilizarla, para después inyectarle el veneno paralizante y una enzima para disolver las proteínas.

Su diseño de colores no es fortuito, sino que al semejarse a una avispa (Mimetismo batesianao), cuando es ataca cimbrea su red para no permitir una perfecta visión a su atacante e impresionarlo con su parecido a una gran avispa.


Son de gran tamaño la hembra entre 15 a 20 mm y el macho entre 4 a 6 mm. Su vida adulta oscila entre los 4 o 5 meses, en cautividad se han dado casos de una longevidad de un año.

J. R. Casaña
Paco Micó y Carlos Micó Tonda

Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Argiope_bruennichi

Imágenes: Salvador Viadel y J. R. Casaña.

jueves, 15 de mayo de 2014

Tórtola Común (Streptopelia turtur) AVES DE NUESTRO ENTORNO (IV)


Hay muchas cosas que están cambiando. Cada vez se ven menos  Tórtolas por donde vivo. No me extraña. En este planeta que nos ha tocado vivir algo se transforma  de forma considerable. Por mucho que se empeñen las industrias  y los grandes magnates del comercio en negar la evidencia.

Creo que es gran error que no quieran reconocer lo que esta ocurriendo porque alguien lo pagará y, muy caro. Mientras, la bola va rodando.


La Tortola común que es la que conozco apenas se ve. Es muy difícil. De no ser en algún lugar destinado  para cebarlas y proporcionarles agua. Para a si, poder fotografiarlas y, poder tener un testimonio antes de que sea demasiado tarde.


De los muchos sitios que disponemos un grupo de fotógrafos aficionados no es la Tórtola la que más abunda. Es un ave preciosa. Tiende según creo, a ser un poco esquiva, pero no me extraña, por lo perseguida que esta por los cazadores.


Como otras especies que deambulan por los campos.  Muchas de ellas en serio peligro de extinción.

Un ave migradora que suele aparecer por aquí entre finales de Abril y Mayo, quizás se las ve cada día menos porque la Tórtola Turca va ocupando sus espacios o por los cambios de los usos agrícolas.


Una cosa que me llama la atención de esta ave, es su forma de beber, sumergiendo mucho el pico en el agua. También me gusta su porte erguido oteando sus alrededores vigilante, como su andar, un tanto balanceante como pavoneándose con cierto orgullo. Tiene un volar rápido y ágil que en pocos segundo desaparece de tu vista, lo cual la protege en gran manera.


Los dos puntos rayados que tiene en ambos lados de su cuello le dan una distinción y adorno elegante. Por lo menos es lo que me parece, junto con sus ojos rojos que le proporcionan una viveza a su bonita estampa.
Un ave que debemos respetar y proteger.José L. Sanmiguel y Salvador Viadel

Es una especie de ave columbiforme de la familia Columbidae que habita en Europa, norte de África y Asia Central.
Su color es pardo con manchas oscuras con el dorso pardo rojizo, la cabeza es gris clara y entorno a los ojos tiene un halo rojizo.


Diferente a la turca su hábitat es medio rural, suele vivir en terrenos de labranza y zonas arbustivas y arbóreas.

Se alimenta de granos y semillas que encuentra en los suelos, formando bandadas que recorren en busca de su alimento. Mayoritariamente después de la cosecha.

En primavera retorna a Europa después de su estancia en el norte de África.


Su ronroneo monótono y monocorde, como en las tórtolas en general, es la voz que la caracteriza.

Su puesta que suele ser de dos huevos, en dos o tres nidadas, de mayo a julio, es como una pequeña plataforma, sobre vegetación alta.


Se encuentra en casi toda Europa exceptuando, Islandia, Irlanda y Escandinavia, no suele vivir en la alta montaña, si en campos de labor y grandes jardines.

Fuentes:
Toni Polo y Carlos Micó
http://es.wikipedia.org/wiki/Streptopelia_turtur

Imágenes:
Salvador Viadel y José Luis Sanmiguel
Maquetación: J. R. Casaña.

jueves, 8 de mayo de 2014

Camponotus cruentatus


Paseando por la partida del Puntalico de los Pinos, zona que afortunadamente, no se quemo en el incendio forestal de Alcublas, detectamos unas hormigas que estaban sobre unas bellotas, en octubre del 2012, en un matacán de coscoja.

Nuestro desconocimiento sobre ellas es total y recabamos información en el grupo de Facebook  Fotografía de Insectos y Artrópodos de la Península Ibérica y la gentileza de Rafa Obregón nos despejo la incógnita, eran Camponotus cruentatus.


Es una hormiga típica del orden Hymenoptera, familia Formicinae, no obstante es una de las hormigas más grande de Europa.


Su color es combinación negro y rojo tirando a granate.

Básicamente su distribución es mediterránea, esta amplia repartida en la Península Ibérica. Más escasa en el noroeste, se encuentra mas a gusto en encinares, pinares y romerales, que es precisamente donde las encontramos.

Aguanta bien el calor, pudiendo trabajar hasta con 48º C de temperatura, su andar no es muy rápido más bien parsimonioso.
    
Anida bajo grande piedras en terreno seco, utilizándolas como calefactor para sus huevos y larvas.


Las reinas en septiembre, después del vuelo nupcial, se entierra y crea sus primeras obreras, que después ayudaran a las siguientes. Tienen una sola reina por colonia.

Defiende su territorio con mucha agresividad. Se alimentan de artrópodos muertos y de secreciones de insectos.

Es una especie muy agresiva, sobre todo en la defensa del territorio.


El nivel de actividad, varía según la época de año, según estudios realizados. 

Alternando actividades diurnas con actividades de 24 horas.

Pedimos disculpas por las inexactitudes que puede contener este artículo.


Fuentes:
Rafa Obregon
http://es.wikipedia.org/wiki/Camponotus_cruentatus
J. R. Casaña