Grupo de voluntarios que cuidamos la biodiversidad de las balsas de Alcublas

miércoles, 20 de agosto de 2014

Sympetrum fonscolombii (hembra)


Las balsas y los anfibios están desaparecidos por la sequía en el término de Alcublas, únicamente queda un reducto que son los abrevaderos para el ganado, que en Alcublas les llamamos charices.


Andábamos catalogando uno nuevo, para nosotros, en una partida que está un poco en controversia su nombre, pues unos dicen que se llama el “Mar de Rica” y otros que dicen que se llama el “Mas de Rica”, nosotros nos decantamos por la segunda opción.


Al abrir la tapa de entrada de agua nos encontramos con una libélula recién salida de la exuvia, que estaba mojada y no podía volar, a saber cómo entraría en esta trampa.

La rescatamos y la depositamos sobre unos arbustos, para que se le secasen sus alas y al mismo tiempo para que la cámara captase sus imágenes, para un posterior clasificación.


Gracias a la colaboración de David Candel y del grupo El Rincón de la Libélulas de Facebook, supimos que se trataba de la Sympetrum fonscolombii (hembra) el macho es rojo.

Pertenece a la familia Libellulidae del género Sympetrum. Es una especie abundante en nuestra Península.

Se la puede ver por Europa central y del sur, África, Oriente medio y el Sudoeste de Asia. Hay referencias que se la ha visto por Reino unido y Suecia. Hay presencia en Canarias, Azores y Madeira.

Sus ninfas se desarrollan en aguas estancadas, aunque los adultos realizan migraciones alejándose del agua.


Su hábitat es muy diverso, se han encontrado ejemplares sobrevolando el mar.

Una especie que puede tener varias generaciones al año y que podemos ver desde finales de abril hasta noviembre.

Utilizando sus apéndices anales los machos sujetan a las hembras por el cuello durante la cópula. Su tamaño es de unos 4 centímetros.

Amantes del sol, no muy exigentes con la calidad de las aguas, podemos encontrar colonias con numerosos individuos.


Cuando ya nos íbamos, vimos con satisfacción que empezaba a emprender el vuelo.


Fuentes:
David Candel
http://ca.wikipedia.org/wiki/Sympetrum_fonscolombii
ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTASWEB
Maquetación e imágenes: J. R. Casaña

lunes, 11 de agosto de 2014

Latrodectus tredecimguttatus (Rossi, 1790) Viuda negra mediterránea


Era un día lluvioso y teníamos una visita de un grupo de amigos de la naturaleza, estábamos por los alrededores de la Balsa de la Pedrosa, cuando uno lanzo un grito "La viuda negra, he encontrado una viuda negra", rápidamente nos acercamos a él y nos señalo una araña no excesivamente grande, negra con puntitos en su abdomen.

Lógicamente las cámaras se pusieron en marcha con todo el interés del mundo.


No sin cierta precaución conseguimos hacerle bastantes fotos, que ilustran este artículo.


No es tan venenosa como sus familiares americanas (L. mactans), aunque hay tener cuidado con su veneno y dolorosa picadura.

No hay datos de causa de muerto por su picadura, no obstante varia su peligrosidad con la cantidad de veneno inoculado y depende también de la época del año, siendo en otoño más activa. También depende la sensibilidad de cada individuo siendo más vulnerables niños y ancianos.


Es una especie de araña araneomorfa de la familia de los terídidos.
La hembra es mayor que el macho, sin contar las patas puede llegar a los 12 milímetros, el macho no llega a los 5 o 6 milímetros.

La hembra puede ser agresiva si se le molesta. Devora al macho tras la cópula.


Su tela de araña está construida por telas pequeñas y duras, siendo muy irregulares y caóticas. Haciéndolas sobre el suelo o a escasa altura. La tela es proporcionalmente tan fuerte como los cables empleados en la construcción de puentes colgantes.

Sus presas suelen ser hormigas, crustáceos terrestres, coleópteros, saltamontes e incluso inmaduros de escorpiones.



Vive en la cuenca mediterránea de Asia central a España, suele habitar debajo de piedras o en la corteza de los árboles.


Fuentes: 
Juan Manuel Casanova Valladolid, Carlos Micó Tonda, Rafa Casaña y http://es.wikipedia.org/wiki/Latrodectus_tredecimguttatus
Imágenes: Rafa Casaña 

viernes, 1 de agosto de 2014

EL GALLIPATO EN LA POBLA DE VALLBONA


La Pobla de Vallbona es una localidad situada entre la Eliana y Benisanó, rodeada de campos de naranjos en los que se encuentran anfibios como la rana común, el sapo partero común y aunque se trate de algún ejemplar aislado, también el sapo común.



También destacan reptiles como la culebra bastarda, la culebra viperina y la lagartija colilarga oriental, así como la salamanquesa común y la lagartija ibérica.


Queriendo ir más allá, me propuse dar con el gallipato, tarea difícil dado que no consta en el listado de especies de la localidad y hace décadas que se no tiene constancia de él.


Pero habían esperanzas, ya que a sido citado por varias personas, una me comento que hace años logro observar uno con detalle en el pozo de una balsa de la zona del Tos Pelat, pero que no era el único que había visto, sino que años atrás tuvo la oportunidad de ver varios por esa misma zona.

Todo esto empezó a verificarse a medida que avanzaba en su búsqueda, pues la descripción dada concuerda a la perfección con este peculiar animal.

Yo había visto tritones en las tiendas de animales, pero el que vi era mucho más grande, marrón y muy escurridizo, andaba lento y se encorvaba hacia fuera sacando unos pinchos de los lados, nadaba raro, como una serpiente, pegaba las patas al cuerpo y lo movía


He recorrido muchos kilómetros visitando balsas, albercas, pozos... pero no he tenido jamás la satisfacción de tener uno en mis propias manos. Son pocas las personas que tienen constancia de él, y los que alguna vez han visto uno dicen no haber visto ninguno mas.

La desaparición se debe principalmente a la urbanización que ha sufrido la zona y el abandono de la agricultura tradicional, lo que contamina las aguas y seca las balsas en desuso. Aunque también, y no menos importante, la introducción de especies exóticas, como la Gambusia.



Todo parecía perdido, hasta que un día llego a mi una sorprendente noticia, habían capturado uno en la piscina de un chalet, pues al llenarla con agua de una balsa de riego deposito al animal en ella. La zona es el Periquillo, pertenece a Bétera, pero queda a unos 650 metros del término de la Pobla de Vallbona, por lo que considero de gran importancia. Contacte con una de las personas presentes en el lugar.

“Mi tío lleno la piscina y apareció un bicho enorme en el agua, era un tritón, marrón y muy gordo, mi tío decía que era un lagarto y que lo mejor sería llevarlo al veterinario porque estaba muy gordo, hay una balsa cerca, pero esta vallada y mi tío nunca había visto nada igual, lo metimos en un cubo, después en el suelo y escapó”


Como conclusión, se puede decir que está presente, nadie hace nada, nadie lo recuerda, pocos lo han visto, tal vez solo una leyenda, un mito, tal vez hayan desaparecido, tal vez queden suficientes para poder contarlos con los dedos de una mano, y no son eternos, la historia de un superviviente que desaparece, por nuestra avaricia de urbanizarlo todo y querer dominarlo. 

Un tesoro escondido y secreto que se marchita, que se marcha...

David Candel Arbó.

jueves, 24 de julio de 2014

Libélula de vientre plano (Libellula depressa)


Soy un gran novato en esto de fotografiar libélulas, ni tengo el equipo adecuado, ni tengo las nociones.


Pero uno es muy osado y gracias a los ánimos de Jorge Pérez, cuando encuentro alguna, no pierdo la ocasión de capturar o intentarlo, su bellas imágenes.


No es un año, por la sequia, muy abundante, pero sorprendentemente  encontramos en la Balsa Calzón muchas exuvias ,cutícula o cubierta exterior (exoesqueleto), de libélulas que habían emergido del agua para convertirse en libélulas.


Me sorprendió una libélula azul que volaba a gran velocidad, lo que dificultaba mucho el conseguir una buena imagen.

Después de informar a nuestro amigo Jorge Pérez, nos dijo que se trataba de la Libellula depressa o libélula de vientre plano.


Es un odonoto anisoptero que se distribuye por Europa Oriental y Occidental.

Relativamente grande mide unos 70 milímetros. El macho es de color azul pálido y la hembra  es de color miel oscuro y a los lados amarillo, se pueden confundir con Orthetrum cancellatum, diferenciándolos el que, la Libélula depressa tiene un triangulo oscuro en la base de sus cuatro alas.


Vive en balsas, estanques y ríos lentos con vegetación en las orillas.

La actividad mayor en los adultos es de mayo a agosto.

Como comentamos vuela muy velozmente sobre el agua, buscando presas y otras libélulas, pero suelen posarse en la rama o tallo que haya escogido para solearse.


Son muy desconfiadas pues al menor movimiento humano vuelan rápidamente.

Solo cuando se posan cerca de un bosque es más fácil su observación.

Otro habitante de las balsas y navajos de Alcublas que compartimos con vosotros.

Fuentes:
J. R. Casaña
Jorge Pérez
http://es.wikipedia.org/wiki/Libellula_depressa

miércoles, 16 de julio de 2014

La fuerte sequia no deja criar a los anfibios


Nunca había conocido yo una sequia tan grande y eso que tengo algún año.

Las balsas y navajos de todo el termino están secas o prácticamente secas.


La Sociedad de Cazadores, con sus limitaciones, intenta llenarlos con agua, pero es tanta la evaporación por el calor, que a los pocos días están otra vez secos.


Las pocas lluvias que nos han caído, solo han servido para reparar en parte, la sequedad del monte y los cultivos.

Poca cosa más, eso sí nubes secas todos los días, las llamo secas, debido a que su abundancia diaria es notoria, pero como vienen se van, sin dejarnos ni una gota.


Con esas expectativas a los anfibios solo les queda una oportunidad, los abrevaderos y las aljibes descubiertas, aquí en Alcublas los llamamos Charices y Jipes, respectivamente, nombres curiosos.

Los Charices es el único lugar con liquido elemento en el que he encontrado puestas de anfibios este año.


Así mismo también son únicos lugares en los que he encontrado renacuajos de anfibios.

Hoy os enseño dos de ellos: El Chariz de la Dueñas y el Chariz de la Ermita de San Agustín.


En los dos he encontrado renacuajos de Alytes obstetricans (Sapo partero común).

En uno más que en otro, pero en los dos habían y eso es gratificante y alentador.


No he oído cantos de los machos buscando a hembras, cuando otros años eran tan abundantes.

Los adultos si pueden vivir lejos del agua, pero no así sus larvas, que tienen que pasar en el agua hasta que llegan a metamórficos y aun así siguen cerca del liquido elemento.


Espero y deseo que esta feroz sequía desaparezca pronto, pues nuestro termino ya fue castigado por un gran incendio forestal, hace dos años y ahora la sequía está dañando su debilitado ecosistema.

J. R. Casaña

lunes, 7 de julio de 2014

Zorzal común (Turdus pbilomelus) AVES DE NUESTRO ENTORNO (VI)


Este pájaro es muy conocido en la provincia de Valencia. Mejor sería para él, no ser tan conocido y popular. Desde hace bastante tiempo cada vez se ven menos. “Que cosa más rara” Cuando era chico se veían en abundancia  en invierno, buscando alimento y especialmente las aceitunas. Tal vez, esta apetencia o necesidad,  debido a  las fechas en que se desplazan por la provincia, no le ha beneficiado en nada –buena excusa- para perseguirlo más si cabe por cazadores.

 Además, de perseguirlo con armas de fuego, existen lugares destinados con engaño, (llamados “paranzas” en castellano, o paranys en valenciano,  donde se preparan árboles (especialmente algarrobos) para con ún reclamo sonoro, hacerles posar y que se queden pegados con un pegamento destinado para tal fin.


Es un pájaro con un precioso su plumaje. Lleno de motas marrones en el pecho con fondo blanco, con un pico fino, pues también es insectívoro. Ojos vivos negros y de un  apresurado y fugaz vuelo. El resto es con franjas marrones.

Me gustaría alguna vez escribir sobre alguna ave o pájaro, que no estuviera en peligro su existencia. Cada vez quedan menos con esta amenaza.
                                                                         José L. Sanmiguel.


El zorzal (o tordo  como se le conoce por aquí) es un ave que viene a nuestras tierras a pasar el invierno.

  Aquí tenemos otra ave que tiene el dudoso privilegio de ser objeto de deseo por gran parte de los cazadores.

  Resulta triste observar en el bebedero donde hacemos fotos los nutridos bandos de tordos que acuden al principio de la temporada de caza y luego conforme ésta va avanzando también baja y mucho la cantidad de aves que acuden a beber.


Una curiosidad de este ave es que a la hora de beber lo hace por el pico y no a través de las fosas nasales como la tórtola y torcaz.

Salvador Viadel,

El zorzal común (Turdus philomelos) vive en parte de Euroasia, es parcialmente migratorio,  de la familia Turdidae, se cría en bosques, jardines, parques, algunos ejemplares invernan en el sur de Europa, Norte de África y Medio Oriente.


La hembra construye un nido muy prolijo de barro, sobre árboles y arbustos, empollando cuatro o cinco huevos azules con manchas oscuras.  El periodo de incubación es de entre 10 y 17 días, pasando otros 10 o 17 para salir del nido. Suele tener dos o tres nidadas.
Puede anidar hasta 2,200 msnm.

Su alimentación es omnívora; los caracoles forman parte de su alimentación rompiéndolos con  una piedra para así acceder a su interior.

Sus mayores depredadores, a parte del hombre, suelen ser gatos, mochuelos europeos (Athene noctua) y gavilanes (Accipiter nisus) y de sus huevos las urracas, arrendajos y ardillas de las carolinas.


Lo describió por primera vez el ornitólogo alemán Christian Ludwig Brehm en 1831, el nombre le viene del latín y el epíteto de un personaje de la mitología griega Filomena (amante del canto).

 Mide entre 20 y 23,5 cm de largo y pesa entre 50-107 gramos. Siendo semejante en ambos sexos.

Tiene una llamada corta y aguda “tsip” y durante la emigración la cambia por “siip” delgado y alto. Cuando se encuentra en peligro emite un “chuc-chuc” cada vez más corto. Repite en su canto frases musicales, lo que le ha dado, alusiones poéticas.


Se reproduce en gran parte de Europa, aunque no en la mayor parte de la Península Ibérica. En la provincia de Valencia, recientemente, miembros de la SVO han encontrado una población reproductora abundante en las comarcas de la Ribera Alta y la Ribera Baixa. Además de en estas zonas, hay datos dispersos de cría en otros lugares de la provincia, siempre en naranjales costeros o prelitorales.

La subespecie nominal se introdujo entre 1860 y 1880 en Nueva Zelanda y Australia con perfecta aclimatación y extensión por las islas cercanas. Común en Nueva Zelanda, pero sólo existen cerca de Melburne una pequeña población, en Australia. Como especie introducida no tiene protección legal, lo que quiere decir que se puede matar libremente, aunque su impacto no ha sido grande, afectando a algunos invertebrados y campos de labor.


No suele ser gregario, aunque en invierno puede juntarse con otros en zonas de alimentación, como el mirlo, zorzal real (Turdus pilaris) y el zorzal alirrojo (Turdus iliacus). Suele acudir a sus mismas zonas de invernada. Es una especia monógama y territorial.

Durante la migración vuela en bandadas, viajando por la noche en un frente amplio a diferencia de las grandes aves planeadoras. Llamando con frecuencia para mantener el contacto. Migra de Agosto a Diciembre.
 No encontrándose amenazado, su población ha descendido seriamente en gran parte de Europa, probablemente por los cambios de usos agrícolas.

José Luis Sanmiguel, Salvador Viadel
Toni Polo y Carlos Micó
Maquetación: J. R. Casaña



lunes, 23 de junio de 2014

DOS AÑOS DEL INCENDIO DE ALCUBLAS

Hace un par de años, un incendio forestal arrasó alrededor de 20000 hectáreas de las comarcas Los Serranos, Camp de Túria y Alto Palancia. Una vez pasado este tiempo, es un buen momento para aprender de cómo ha respondido el monte, y además hacerlo con un poco más de calma, habiendo digerido el impacto inicial. Me gustaría ofreceros mi punto de vista, algo lejano al no vivir en estas comarcas, pero algo cercano al haber colaborado en el estudio de este incendio. Investigadores de la Fundación CEAM (http://www.ceam.es/GVAceam/home.htm) hicimos prospecciones de la zona afectada, la primera a las pocas semanas del fuego, con el fin de elaborar un informe de impacto urgente, y la segunda a los 20 meses, para ver cómo había respondido el monte a medio plazo (Figura X).


Tradicionalmente, los incendios forestales se han considerado como un desastre ecológico, destructor de los ecosistemas. En gran parte, esta visión se funda en que, en la actualidad, muchos tienen causas humanas, sean directas (accidentales o intencionadas) o indirectas (cambios en los usos del suelo, abandono del monte, y tal vez el cambio climático). Pero también es verdad que los incendios forestales son un proceso natural en los ecosistemas mediterráneos. No en vano, muchas plantas mediterráneas están adaptadas a responder tras el fuego, sea rebrotando (por ejemplo la encina, la coscoja y el brezo), sea creando un banco de semillas en el suelo, dispuestas a germinar cuando llegue la ocasión (como ocurre con las jaras y aliagas), sea guardando semillas viables, durante años, en sus copas (por ejemplo las piñas serótinas del pino carrasco, que se abren con el calor del fuego). Incluso la comunidad de microorganismos del suelo es capaz de responder con gran rapidez cuando llegan las primeras lluvias tras un incendio.




Otra cuestión a tener en cuenta es la extensión de un incendio. En nuestros ambientes este incendio entra, sin duda, dentro de la categoría grandes incendios. Si alguien se entretiene en averiguar la extensión de incendios en otros lugares del Mundo, por ejemplo Australia o Estados Unidos, verá que 20000 hectáreas no son mucho. Pero hay que tener en cuenta la escala. A modo de ejemplo, el Parque de Yellowstone es casi tan grande como toda la provincia de Valencia, las Montañas Rocosas abarcan una distancia como de Alcublas al centro de Arabia,  y la extensión del Estado de Wyoming es la mitad de la de España viviendo solamente medio millón de personas. Para nosotros las escalas son mucho más pequeñas, nuestras cordilleras son mucho más cortas, nuestras planicies más pequeñas, y nuestras poblaciones están mucho más cercanas. Por ejemplo, la famosa Highway 61 cantada por Bob Dylan cruzaría, en línea recta, casi 3 veces la Península Ibérica.
Para que un incendio sea intenso y se extienda necesita combustible, tanto en términos de cantidad, como en términos cualitativos y de continuidad. El término cantidad es evidente, es difícil que haya un incendio en un desierto o en una zona semiárida de Almería, porque hay poco o nada de combustible. Pero puede haber combustible y que éste sea más fácil o difícil de quemar.  Hay varios factores que influyen, y uno básico es el estado hídrico, es decir el nivel de humedad de la vegetación, especialmente el del combustible fino. Tanto mayo como junio de 2012 fueron meses relativamente secos y a finales de junio dominaron vientos moderados de poniente, que ayudaron a incrementar las temperaturas y disminuir la humedad ambiental, y en consecuencia secar la vegetación. Estudios llevados a cabo por investigadores de la Fundación CEAM estiman que la humedad de los pinos y romeros vivos estaba alrededor del 50%, y la de los romeros muertos sobre el 10%.



Los ecólogos tenemos la manía de relacionarlo todo. Creo que las escalas tienen algo que ver con la historia de los usos del suelo, y a su vez con la evolución de los incendios forestales. Aquí entra lo de la continuidad del combustible. En las últimas décadas ha habido un abandono de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales en áreas de montaña. Tiene su lógica, antes había mucha actividad en zonas de montaña, aunque para sobrevivir y no mucho más. Muchas personas cultivaban su trigo o cebada, junto con algunos olivos y algarrobos para alimentar la mula que les ayudaba a labrar, o pasaban hambre. Mis abuelos, como los de otras muchas personas, se fueron a vivir a poblaciones más grandes buscando mejores perspectivas tanto para ellos como para su descendencia, y tanto la agricultura como la ganadería se fueron concentrando en áreas donde la explotación se pudiese mecanizar y fuese más rentable. Esto ha dado lugar a un incremento de la superficie forestal, la vegetación vuelve a ocupar los lugares de los cuales fue eliminada para poder cultivar y sobrevivir. Pero también ocurre que, cuando se produce un incendio, tiene menos barreras para extenderse. Los bancales en uso son cortafuegos muy efectivos. Pero las plantas más capaces de colonizar cultivos abandonados acostumbran a estar adaptadas a perturbaciones, germinan bien en espacios libres, con poca competencia por la luz y el agua con otras especies establecidas, como es el caso del pino carrasco, la aliaga y muchas otras.

Muchos montes de Levante tienen mucho combustible y con mucha continuidad, y a principios de verano de 2012, este combustible estaba seco. Solamente faltaba una ignición. Había mucho monte que podía quemarse, y le tocó básicamente a Los Serranos, la Hoya de Buñol y la Sierra Mariola. Es una especie de ruleta rusa a la cual juegan muchos montes de Levante.
En el caso de nuestro incendio, no solamente se quemó mucha superficie, sino que lo hizo con mucha severidad. Severidad quiere decir hasta qué punto se quema la vegetación, no es lo mismo que solamente se achicharren las hojas, que se acabe consumiendo hasta los troncos. Una forma que hay para estimar la severidad del fuego es trabajando con imágenes satélite. Es un método menos preciso que verlo en el campo, pero permite abarcar más superficie que andando por el monte. Nosotros intentamos contrastar los resultados de las imágenes satélite con los obtenidos visitando unos 80 puntos. La Figura XX muestra la severidad estimada según un sensor del satélite Landsat 7. La mayor parte de la superficie se quemó con una severidad alta o muy alta. Solamente se quemaron con menor severidad las zonas cercanas a los límites del incendio, donde iba perdiendo fuerza, y áreas dominadas por cultivos y zonas pobladas, donde hay mucho menos combustible.


Después del incendio, las precipitaciones registradas fueron inferiores a la media, siguiendo la tendencia dominante antes del incendio. Nos encontramos, entonces, ante un incendio extenso, severo y seguido de un periodo de relativa sequía. Ante esta situación tan desfavorable ¿la vegetación ha sido capaz de responder? Una vez más, la Naturaleza nos sorprende, no nos deja otro remedio que quitarnos el sombrero: las plantas rebrotadoras han rebrotado (Figura XXX), y las germinadoras han germinado, incluso demasiado (Figura XXXX).



Un elemento peculiar de la zona son los navajos, charcas que permiten el desarrollo de especies relacionadas con medios acuáticos. Debemos tener en cuenta que los ecosistemas acuáticos son muy escasos en el monte mediterráneo, y las perspectivas de expertos en el cambio climático indican que lo serán aún más en el futuro. Nos encontramos con auténticas joyas muy poco comunes. Todo parece indicar que el incendio afectó poco a los navajos, al menos directamente, ya que conservan cierto grado de humedad. De todos modos, cuando visité la zona poco después del fuego había algo que me preocupaba, y es que, al haberse consumido la vegetación de los alrededores, las posibles tormentas posteriores arrastrasen cenizas y restos carbonizados, con el riesgo de que se colmatasen o incluso se intoxicasen. Pero no ocurrió, no llovió lo suficiente. Esta sequía pertinaz ha protegido los navajos de arrastres indeseables de sedimentos, pero también los está secando. Ojalá resistan este nuevo envite.

Una pregunta del millón podría ser ¿qué podemos hacer para ayudar a la Naturaleza, y de paso potenciar las zonas de montaña y sus habitantes, que tan poco considerados están? Visto desde la lejanía, mi modesta opinión es que nos lo debemos de tomar con un poco de calma. Los ritmos de los ecosistemas no tienen por qué coincidir con los nuestros. En ocasiones, querer actuar demasiado rápido puede ser poco útil e incluso contraproducente, malgastando así esfuerzos y dinero. Jorge, un compañero que se dedica al estudio de los suelos quemados, comentó algo así: el suelo es la piel del monte; igual como ocurre con nuestra piel, cuando se quema lo que debemos hacer es protegerlo y tocarlo lo mínimo; si, con el afán de que se recupere rápido lo pisoteamos y pasamos maquinaria por encima, lo acabamos perjudicando.

Ahora han pasado un par de años y podemos ver cómo ha respondido, y tal vez plantearnos qué se puede hacer para que se siga recuperando, disminuir el riesgo que se vuelva a quemar de aquí a pocos años y, si lo hace, sus efectos no sean tan dramáticos. Vemos, por ejemplo, que los pinos carrascos y las aliagas se están desarrollando excesivamente. Todavía son jóvenes, pero todo parece indicar que, si no se hace nada, en un futuro las aliagas acumularán mucha biomasa muerta, fácilmente inflamable, y habrá pinares con tanta densidad de árboles, con tanta competencia entre ellos mismos, que crecerán espigados y con troncos raquíticos. De aquí a unos pocos años será un buen momento para hacer un aclareo, dejar menos pies para que crezcan mejor, y sobre todo evitar cortar otras especies capaces de rebrotar tras el fuego y que ofrecen otros alimentos a la fauna, por ejemplo enebros, lentiscos y muchas otras.

Otra gestión posible es la plantación, pero como casi todo en esta vida tiene sus limitaciones. Plantar grandes extensiones sin ayuda de maquinaria pesada es complicado, caro, a veces agresivo, y con frecuencia no tiene seguimiento, lo que puede dar lugar a fracasos. Otra cosa es ser selectivos, elegir zonas donde las posibilidades de éxito sean mayores y seleccionar especies adecuadas. Hay varios puntos de vista al respecto. Uno de ellos es hacer plantaciones en zonas protegidas por la propia morfología del terreno, como es el caso de hondonadas, depresiones y umbrías. Si elegimos especies autóctonas y atractivas para la fauna, con el tiempo y una caña los arrendajos, los zorros y otros muchos animales ayudarán a dispersar las semillas por otros lugares, incluyendo los que se vuelvas a quemar y los bancales que se abandonen en el futuro. Otra visión diferente pero compatible, en este caso más pedagógica, es hacer plantaciones populares en zonas de acceso fácil, animando a que la gente colaboradora a que haga un seguimiento de lo que ha plantado y, por qué no, le eche una garrafita de agua de cuando en cuando; si se animan a hacerlo y proceden de Valencia por ejemplo, serviría además para promocionar el turismo rural.

Mucha suerte y salud, os lo merecéis.

Joan Llovet López